DE LA FE PERDIDA (Juan Gelman)

 

 

Gelman, que es orgullosamente un trabajador de prensa, no estudió periodismo pero tengo para mi que comprende y respeta a esos miles de jóvenes que se movilizan en las Facultades de Comunicación Social más cerca de Internet que de Gutemberg, más al lado del desempleo que de la seguridad. Esos mismos jóvenes que en la convocatoria del Primer Congreso Iberoamericano de Periodismo (Buenos Aires , UBA, 1996) citaban a Gramsci cuando este exigía una cultura universitaria para el periodista que se dispone a ejecutar una tarea de regeneración política y moral como intelectual orgánico.

Del Prólogo de Jorge Luis Bernetti.

 

 

DE LA FE PERDIDA

 

Vivimos “el tiempo del arrepentimiento de toda pasión” dijo Eduardo Galeano. Y se puede agregar: del arrepentimiento de la fe alguna vez habida  en la transformación revolucionaria del mundo y, sobre todo, de la pérdida de esa fe. Otras pérdidas la explican: el derrumbe estrepitoso del llamado “socialismo real”, el fracaso de proyectos de cambio nacionales y su saldo de muerte y sufrimiento, la indefensión  ante la prepotencia imperial que atropella naciones con absoluta impunidad.

         Hay, desde luego, mucho más. Por ejemplo: se asiste  al desarrollo de paradojas formidables. La civilización avanza y aumentan los medios a su alcance para domeñar la naturaleza, pero destruye a la naturaleza. La democracia que conocemos  se ocupa de recortar prolijamente la libertad  del individuo y de pueblos enteros. “Los niños de la calle”-uno más de los nombres mentirosos que se propinan a la verdad de la miseria- y los millones de refugiados de las guerras del planeta son apenas dos  consecuencias de la civilización que la sociedad industrial occidental edifica, movida por un afán de lucro despiadado y tan centralizada y burocrática como fuera la sociedad soviética.

         Esa sociedad torna obligatorio todo lo que no está prohibido, tiende a resolver su estado de crisis permanente por la vía totalitaria y su poder consiste en la conversión del dominado en cosa, de personas vivientes en cadáveres, como afirmaba Simon Weil. Los dueños de esa sociedad niegan la alteridad y odian lo distinto, al otro que no es ellos, al pobre, al negro, al indio, al extranjero, al homosexual, al judío, al que adora  a otros dioses o a ninguno, al que está constituido por culturas diferentes. Son fervientes promotores de la uniformación universal. Si se piensa en las visiones anticipatorias de Jack London y George Orwell  -del fascismo en El talón de hierro (1907) del primero, del “socialismo” en 1984 (1949) del segundo-no cabe sino darle la razón a Oscar Wilde una vez más: la naturaleza imita al arte.

         Todas las sociedades opresoras – y todas lo han sido, con excepción tal vez de la trimesina república de iguales de la Comuna de Paris- engendran sus  contrarios, entre otros, distintas utopías. El fracaso de la última – y la única que ganó espacios reales de poder- ensombrece el fin de siglo para quienes en ella depositaron su fe, cercena su esperanza y les abre un vacío pariente de la nada. No es fácil admitir que una utopía está sellada por su tiempo, que los tiempos cambian y que la función de esa utopía entonces reside en su fracaso para abrir camino a las frescas utopías por venir. Ante este nuevo “mar tenebroso”-que provoca tanto pavor como el que hace 22 siglos causaba en los romanos el Atlántico cubierto por la niebla que se extendía más allá de Finisterre-, se explica que la fe vacile y aun se pierda.

         Esta pérdida lleva en muchos a una especie de apagamiento de la indignación moral que los alzaba contra la injusticia. También origina fenómenos siniestros y aun ridículos, como los nuevos “hombres de negocios” de la ex Unión Soviética, que quizás fueron rígidos miembros del PCUS y hoy compiten entre sí para vender en Occidente las riquezas creadas por los pueblos de la URSS. Son personajes que hubieran deleitado a Gogol. Los grandes empresarios de Francia fueron los primeros en advertir que de un revolucionario arrepentido se podía extraer un ejecutivo feroz, y convirtieron en gerentes de la sociedad de consumo a no pocos “leones del ‘68”. El fenómeno se ha repetido en Argentina, y la velocidad adhesiva con que algunos han pasado de luchar por un país más humano a servir a un neoliberalismo inhumano recuerda a Casanova. Me explico: el gran conquistador de mujeres narra en sus Memorias que, abandonado por mademoiselle Balletti, que resuelve casarse con otro, pasa la noche siguiente a la noticia con Ester, en Holanda, a la que termina entregando las cartas y el retrato de su abandonadora. Así se desprende de un pasado amoroso y todavía reciente con armas y bagajes y sin mayor vacilación.

         Y hay quienes no han perdido su fe. Serán pocos pero son, y recuerdan al voluntario norteamericano del Batallón Lincoln que peleó contra Francia y España y al que en 1961, más de 20 años después de su derrota encuentra en Estados Unidos el exiliado republicano  Cernuda, quién le escribe este poema:

Que aquella causa parezca perdida

nada importa;

que tantos otros, pretendiendo fe en ella ,

solo atendieran a ellos mismos,

importa menos.

Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Por eso otra vez la causa te aparece

como en aquellos días:

noble y tan digna de luchar por ella.

Y su fe, la fe aquella, él la ha mantenido

a través de los años, la derrota,

cuando todo parece traicionarla.

Más esa fe, te dices, es lo que sólo importa.

Gracias, Compañero, gracias

por el ejemplo. Gracias porque me dices

que el hombre es noble.

Nada importa que tan pocos lo sean:

uno, uno tan solo basta como testigo irrefutable

de toda la Nobleza humana.

 

21 de Enero de 1993

 

 

TEXTO DEL LIBRO “PROSA DE PRENSA” 

EDICIONES GRUPO Z

Año 1997.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: