ANTE EL DOLOR DE LOS DEMAS

Quizás se le atribuye demasiado valor a la memoria y no el suficiente a la reflexión. Recordar es una acción ética, en y por si misma. La memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos establecer con los muertos. Así, la creencia de que la memoria es una acción ética yace en lo más profundo de nuestra naturaleza humana: sabemos que moriremos, y nos afligimos por quienes en el curso natural de los acontecimientos mueren antes que nosotros; abuelos, padres, maestros y amigos mayores. La insensibilidad y la amnesia parecen ir juntas. Pero la historia ofrece señales contradictorias acerca del valor de la memoria en el curso mucho más largo de la historia colectiva. Y es que simplemente hay demasiada injusticia en el mundo. Y recordar demasiado (los agravios de antaño: serbios, irlandeses) nos amarga. Hacer la paz es olvidar. Para la reconciliación es necesario que la memoria sea defectuosa y limitada. Si la meta es que haya algún espacio en el cual se pueda vivir la propia vida, entonces es deseable que el recuento de las injusticias específicas se disuelva en el reconocimiento más general de que por doquier los seres humanos se hacen cosas terribles los unos a los otros.

 

Fragmento (Página 134/5)

Autora: Susan Sontag

Ante el dolor de los demás.

Editorial Alfaguara

 

 

 

 

 

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