COMO BOLA SIN MANIJA (Paco Urondo)

Mayo 28, 2008

Como bola sin manija

 

puedo ir para un lado
puedo ir para otro lado
encontrar estuarios pálidos cisnes quietos
buques mansos que como a las nubes
me llevan de un lado para otro lado

puedo dar con lugares apacibles
o sombras excitantes
la primera piel de una mujer
el aroma de una mujer el sonido de una fiesta
puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente
y sentir en las sábanas el olor del sol

puedo llegar a tener suerte en el juego y en la vida
puedo cambiar de vida y de nombre
puedo peinarme de otra manera
y vestir como nunca lo hice

puedo sorprender
ser irascible o piadoso
comprensivo con las mujeres
o despiadado con sus increíbles sentimientos

puedo como antaño volver a enamorarme
puedo padecer por un vago recuerdo
o tirar todo por la borda
o no soportar la memoria

–hoy te he recordado vagamente–

puedo reír y cantar
divertir a la gente
y esperar a que todos estén completamente locos
y ya no parezca tan divertido

puedo envejecer y enmudecer para siempre
y decir palabras sin mayor fundamento
puedo gozar de placeres fáciles y complicados

–eras alta antes de conocerte
y hoy no he recordado tu nombre
y pienso que otro día podré humillarlo–

puedo tener rasgos bondadosos
arranques de conmovedora caridad
puedo echarme a perder
o tener más hijos como si ofreciera
el más estupendo y bonito de los mundos posibles

puedo ambicionar una amplia fortuna
hasta puedo trabajar o pensar en el as de oro
o seducir a una adolescente frágil-como-un-pétalo-de-agosto

puedo hacer viajes exóticos morder la espesura de un follaje
jugar mi vida por unos diamantes impuros
o por lánguidos ojos saturados de sabiduría

puedo emborracharme aquí o en el extranjero
y caer exhausto en la turgencia de un muslo
o en el filo de una dudosa alcantarilla

puedo investigar o escribir luminosos párrafos
que abrirían por sí el futuro
puedo ser un intelectual responsable o desaprensivo
firmar o no firmar traicionar o jugar a la lealtad

puedo ser adorado
puedo ser odiado
tener amantes
distintas en su belleza singulares en sus caprichos
o no tener a nadie
y no guardar un solo recuerdo

puedo rechazar la ternura
o mendigarla como hace unas horas
puedo vivir alternativas viejas o recientes
fáciles y peligrosas

puedo elegir mi destino
aunque no sepa darle forma adecuada
ni por dónde empezar

puedo imaginar el tiempo que desconozco
luchar por esa o por otra dulce aspiración
puedo olvidar

–hoy no he podido recordar tu nombre–

de la memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno

 


CONVERSANDO CON LA CRISIS (Eduardo Galeano)

Mayo 14, 2008

 

 

 

Apuntar y disparar con el caño de la escopeta torcido hacia el costado, es una persistente vocación de la clase media, caldo de cultivo de todos los fascismos abiertos  o encubiertos que en la historia han sido: ¿Cuántos hombres golpeados por la crisis en plena nuca, quisieron un Onganía “que venga a poner orden” aquí en Uruguay? Los sindicatos obreros son un chivo emisario ideal tanto para quienes están interesados en negar la responsabilidad del sistema como para quienes no son capaces de descubrirla. El sistema, si, toda esa gran mentira que nos tiene por víctimas y voluntarios o involuntarios protagonistas: el país hundido en la miseria que, sin embargo, es un santuario del lucro para capitales oportunistas; el latifundio que se extiende, invicto, por nuestras llanuras y desde el poder político gobierna; Punta del Este que vale más que toda la paralítica industria nacional; las oficinas públicas atestadas  de funcionarios que llegan, desde los clubes políticos, en paracaídas, y se meten por las ventanas; los miles y miles de desocupados y una población activa cada vez más reducida que alimenta y sostiene una población pasiva aplastante; los especuladores pescando, con patente o sin ella, en el río revuelto de la inflación, “nuevos ricos” que están cobrando los dividendos de la crisis. El sistema que es, también, esta indiferencia creciente, esta incapacidad de creer, esta rabia desviada, inútil. Porque el Sistema no es una abstracción. Lo hacemos los hombres, los mismos hombres  que podemos deshacerlo.

 

 

Fragmento del texto Conversando con la crisis.

Año 1967

Eduardo Galeano (Nosotros decimos No – crónicas 1963-1988 )

Edit. Siglo XXI


MAGICA MUERTE PARA UNA VIDA MAGICA (Eduardo Galeano)

Mayo 14, 2008

 

 

Pienso en aquella certera frase de Paul Nizan: No hay una gran obra que no sea una acusación del mundo. La vida del Che Guevara, tan perfectamente confirmada por su muerte es, como toda gran obra, una acusación contra el mundo, contra un mundo, el nuestro, que convierte a la mayoría de los hombres en bestias de carga de la minoría de los hombres y condena a la mayoría de los países a la servidumbre y la miseria en beneficio de la minoría de los países. Es, también, una acusación contra los egoístas, los cobardes y los conformistas que no se lanzan a la aventura de cambiarlo.

 

Porque la muerte del Che, de ahora en adelante, habrá que merecerla 

 

 

 

Fragmento

Año 1967

Eduardo Galeano (Nosotros decimos No – crónicas 1963-1988 )

Edit. Siglo XXI

 

 

 

 

 


HAY QUE COMPADECERLOS (Oliverio Girondo)

Mayo 3, 2008

No saben.

¡Perdonadlos!

No saben lo que han hecho,

lo que hacen,

por qué matan,

por qué hieren las piedras,

masacran los paisajes…

No saben.

No lo saben…

No saben por qué mueren…

 

Se nutren,

se han nutrido

de hediondas imposturas,

de cancerosos miasmas,

de vocablos sin pulpa,

sin carozo,

sin jugo,

de negras reses de humo,

de canciones en pasta,

de pasionales sombras con voces de ventrílocuo.

 

 

Viven

entre lo fétido,

una inquietud de orzuelo,

de vejiga pletórica,

de urticaria florida que cultiva el ayuno,

el sudor estancado,

la iniquidad encinta.

 

 

No creen.

No creen en nada

más que en el moco hervido,

en el ideal,

chirriante,

de las aplanadoras,

en las agrias arcadas

que atormentan el éter,

en todas las mentiras

que engendran las matrices de plomo derretido,

el papel  embobado

y en bonina.

 

Son blandos,

son de sebo,

de corrompido sebo triturado

por engranajes sádicos,

por ruidos asesinos,

por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo,

para hundirles sus uñas de raíces cuadradas

y dotarlos de un alma de trapo de cocina.

 

Solo piensan en cifras,

en fórmulas,

en pesos,

en sacarle provecho hasta a sus excrementos.

Escupen las veredas,

escupen los tranvías,

para eludir las horas

y demostrar que existen.

 

No pueden rebelarse.

Los empuja la inercia,

el terror,

el engaño,

las plumas sobornadas,

los consorcios sin sexo que ha parido la usura

y que nunca se sacian de fabricar cadáveres.

 

Se niegan al coloquio del agua con las piedras.

Ignoran el misterio del gusano,

del aire.

Ven las nubes,

la arena,

y no caen de rodillas.

No quedan deslumbrados por vivir entre venas.

Sólo buscan la dicha en las suelas de goma.

Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo.

 

Son capaces de todo con tal de no escucharse,

con tal de no estar solos.

 

¿Cómo

cómo sabrían

lo que han hecho,

lo que hacen?

 

¿Algo tiene de extraño

que deserten del asco,

de la hiel,

del cansancio?

 

Solo puede esperarse

que defienden el plomo,

que mueran por el guano,

que cumplan la proeza

de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo,

para que el hambre extienda sus tapices de esparto

y desate su bolsa ahíta de calambres.

 

Son ferozmente crueles.

Son ferozmente estúpidos…

Pero son inocentes.

 

¡Hay que compadecerlos!

 

El texto puede encontrarse en: OLIVERIO GIRONDO Textos selectos, Ediciones  CORREGIDOR 2001.


PROHIBIDO SER OBRERO (Eduardo Galeano)

Mayo 1, 2008

 

 

Carlitos levanta un trapo rojo caído en la calle. Se pregunta qué será eso, y de quién será, cuando súbitamente se encuentra encabezando, sin saber cómo, sin saber por qué, una manifestación obrera que choca con la policía.

 

Tiempo modernos es la última película de este personaje. Y Chaplin, el papá, no solo está diciendo adiós a su querible criatura. También se despide, para siempre, del cine mudo.

La película no merece ni una sola mención al Oscar. A Hollywood no le gusta nada la desgraciable actualidad del tema. Ésta es la epopeya de un hombrecito atrapado por los engranajes de la era industrial, en los años siguientes a la crisis del 29.

Una tragedia que hace reir, implacable y entrañable retrato de los tiempos que corren: las máquinas comen gente y roban empleos, la mano humana no se distingue de las demás herramientas, y los obreros, que imitan a las máquinas, no se enferman: se oxidan.

A principios del siglo diecinueve, ya había comprobado lord Byron:

-Ahora es más fácil fabricar personas que fabricar máquinas.

Eduardo Galeano

Espejos, una historia casi Universal

Edit. Siglo XXI, 2008